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Guardianes de la verdad en tiempos de confusión

La iglesia debe ser columna y baluarte de la única verdad que da libertad al ser humano: Cristo y su Palabra.

Ronald Bahamondes
Ronald Bahamondes

Apasionado por Cristo, su Palabra y por el Espíritu Santo que guía a su Iglesia.

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Funciones que dan identidad

Hay tareas de carácter vital, encomiendas que sellan destinos enteros, funciones que moldean el carácter y utilidad de una persona o entidad, como aquella labor que el apóstol Pablo menciona en su primera carta a Timoteo, allá por el año 64, una función que sella la identidad funcional de la iglesia y su destino. El apóstol señala en 1 Timoteo 3:14-15:

Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.” (RVR60).

La tarea señalada, es al mismo tiempo función e identidad de la iglesia, una responsabilidad tan fundamental en el primer siglo como en la época postmoderna que nos ha tocado vivir.

En medio de una sociedad que todo relativiza, en la que no existen verdades absolutas, en tiempos de la posverdad, de la fluidez de los valores y las identidades, el Señor le dice a su iglesia que debemos ser “columna y baluarte de la verdad.” ¡Verdad! En tiempos de relativismo y noticias falsas. ¡Verdad! En medio de ideologías torcidas y doctrinas de error

¿De qué verdad habla Pablo?

La verdad es y pertenece a quien dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.” (Juan 14:6) La iglesia conoce la verdad total y eterna, porque ¡Cristo es la verdad!

En una persona, el ser humano puede encontrar la verdad que busca, porque esa persona es Dios mismo hecho hombre, el logos encarnado, el Todopoderoso creador que habitó entre nosotros.

Solo hay una verdad suprema, y esa verdad no es un concepto abstracto, sino una persona concreta encarnada en Cristo. Esta verdad se relaciona con la necesidad más básica del hombre y la mujer: nos dice quiénes somos, nos revela nuestro estado caído, nos señala cómo llegamos a restablecer relaciones con Dios y nos revela el plan del Creador con nuestras vidas.

Esa verdad se expresa a través de su Palabra, que es la voz eterna de Dios llamando al hombre. La Biblia “es” Palabra de Dios, autoritativa, inerrante, verdadera, eterna. Palabra que llama, libera y santifica, es por tanto la máxima necesidad para la vida de cada ser humano.

Sostén y defensa de la verdad

En el texto, el apóstol menciona dos elementos arquitectónicos que seguramente había contemplado en las grandes construcciones judías, griegas y romanas de su época, el primero de ellos: la columna, una pieza constructiva que sirve hasta el día de hoy para dar sostén a un edificio.

Las columnas en aquellos tiempos también se usaban para levantar objetos valiosos, como los monumentos de los emperadores, por lo tanto, podemos concluir que las columnas sostienen y levantan, y esa es exactamente la tarea de la iglesia.

Hoy en tiempos de ideologías contrarias a la verdad revelada, en tiempos en que líderes, iglesias y creyentes han sucumbido ante la mentira ideológica o doctrinal; la verdadera iglesia, el creyente comprometido con Cristo, debe ser un fiel sostenedor de las verdades fundamentales del Evangelio de Jesús, verdades como su deidad, su encarnación, su muerte y su resurrección. Verdades como el arrepentimiento y el llamado a la santidad. Verdades como la inminencia de su regreso. Verdades como la supremacía de las Escrituras como máxima autoridad en la vida del creyente y de la iglesia.

A la par de la columna Pablo menciona el baluarte, una fortificación de figura pentagonal, que sobresalía en el ángulo donde se juntaban dos murallas. Está saliente permitía el posicionamiento de artillería para defender el lugar amurallado. De igual manera, ante los ataques del enemigo, de las ideologías y cosmovisiones adversas al cristianismo, la iglesia conscientemente debe defender las doctrinas fundamentales y las verdades para la vida que Dios ha entregado en su Palabra.

En un mundo que desprecia la verdad de Cristo, nosotros debemos seguir sosteniéndola, levantándola sin temor ni vergüenza. En un tiempo donde el mundo ataca la fe, donde el mundo entra con sutileza en las congregaciones con doctrinas que incluso son contrarias a la verdad de la Escritura, tenemos la tarea de estar atentos y ser baluartes que defienden la verdad.

Cuidemos lo que costó tanto entregar a este mundo: la verdad de que Dios se hizo carne, habitó en nuestro medio, fue entregado por nosotros y resucitó, venciendo la muerte y el pecado. Solo por la sangre de Cristo se hace tangible la verdad para la humanidad. Nosotros debemos ser columnas y baluartes de esta gloria, la única verdad que puede salvar al mundo.

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