Conoce la importancia y significado de la Cena del Señor.
La Cena del Señor es una institución divina ordenada por el mismo Señor Jesús a la iglesia, por medio del cual hacemos memoria de su muerte expiatoria, de su resurrección y de su advenimiento.
ORIGEN DE LA CENA DEL SEÑOR
La práctica de esta ordenanza sagrada se traza la noche que Jesús fue entregado para morir en la cruz del Gólgota, según nos narra el evangelio de Lucas 22:12, donde compartió la Pascua judía con sus discípulos en un aposento alto. (Mateo 26:26-28; Lucas 22:19; 1 Corintios 11:24-25).
Creemos que al instituir Jesús la celebración de la Cena, estableció una ceremonia nueva a partir de la fiesta judía. La celebración de la Cena del Señor reemplaza a la Pascua porque ella se cumplió cabalmente en Jesús.
Las características distintivas de la nueva ordenanza fueron estas: Primero, no se celebraría una vez al año como la pascua. Segundo, tomaría de la comida judía solo dos elementos: el pan y el vino. Tercero, nunca más habría sacrificio de un cordero y cuarto, sería universal, pues no sólo sería para el pueblo judío.
Por consiguiente, creemos que Cristo esa noche instituyó esta ordenanza, y el Nuevo Testamento conduce a sus seguidores a celebrarla.
SU NATURALEZA Y SIGNIFICADO
La naturaleza de esta ordenanza puede ser descrita en general de la siguiente manera: Instituida por Cristo como una conmemoración y representación de su muerte. Los elementos representativos son el pan y el vino, denotando el partimiento de su cuerpo y su sangre derramada (o vertida) en la cruz respectivamente. Creemos que la iglesia, al celebrar la Cena del Señor, recuerda y proclama la muerte de Cristo, anuncia la venida del Señor y genera un acto sagrado de comunión entre la iglesia y Jesucristo, y entre la comunidad de creyentes. A través de los siglos esta celebración ha sido el acto central y característico de la iglesia en la adoración (Mateo 26:26-28; Lucas 22:19).
FORMA DE CELEBRAR
En el libro de los Hechos encontramos las más tempranas referencias de la iglesia recordando a Cristo por medio de esta ordenanza, Hechos 2:42 “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”. En Hechos 20:7 leemos que los cristianos en Troas se reunían el primer día de la semana. Y Pablo en 1 Corintios 10 como en 1 Corintios 11 deja de manifiesto que era un evento regular, aunque no hay un mandato claro en relación con la frecuencia de la Cena del Señor dentro del Nuevo Testamento. Nuestras iglesias, históricamente han celebrado la Santa Cena una vez al mes o bimensualmente.
LAS CONDICIONES PARA PARTICIPAR
¿Quiénes pueden participar? Creemos que todos aquellos que conscientemente han entregado su vida a Cristo y han hecho acto público de fe a través del bautismo. En este sentido los miembros de la iglesia están en condiciones de participar en la Cena del Señor (Hechos 2:38-42).
¿Qué significa discernir el cuerpo de Cristo (1 Corintios 11:29)? Discernimiento, del griego diakrinö (juzgar, discernir, evaluar), es una demanda tanto espiritual como intelectual, para celebrar la cena de la manera correcta.
En el texto, Pablo acusa de menospreciar a la iglesia de Cristo (1 Corintios 11:22). Lo que aquí destaca son las acciones y actitudes que apartan una persona de la comunión con Cristo y de unos con otros. Creemos que es una Cena de paz; por lo tanto, rehusar estar en paz con nuestros hermanos y hermanas es comer y beber condenación para nosotros mismos.
Beber indignamente, también puede ser entendido como participar con indiferencia del verdadero significado del pan y de la copa, olvidándonos del precio que Jesús pagó por la salvación y convirtiendo la Cena en algo rutinario. Unido a lo anterior, beber indignamente es venir sin una actitud de arrepentimiento frente a nuestros propios pecados, por ello debemos analizar nuestra condición y acercarnos con un corazón arrepentido delante de Dios.
La Cena del Señor es un momento señalado para la reconciliación y una comunión renovada. Dios nos concede la gracia para sanarnos y unirnos de nuevo a nuestro Señor y unos a otros.
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